Poema #50
Ciudad pequeña entre montañas, antigua como el tiempo, como la sal al costado de los ríos, como los huesos que fueron alguna vez esa misma sal; ese río, y ese tiempo.
Duerme en la puerta un león con cuernos, debajo de un pequeño árbol ya en flor.
Luego la planicie, una extensión de viento entre los picos nevados; una lengua de tierra negra, seca y rugosa, sin intención alguna de movimiento.
Un patio da la sensación de refugio.
A un costado una cabaña en la que se escuchan voces de niños inventando historias que no debieron ser.
Historias de edades intermedias, de dulces colgados en una media sobre la chimenea.
Voces llenas de ilusión ante la posibilidad de que no vengan, y aunque esa posibilidad es lejana, no está en mí despertarlos de su sueño.
