Poema #48
Tokio.
Frío de hemisferio norte.
Frío a contratiempo del que conozco.
Ciudad apocalíptica, llena de historias que corren por sus cables, por sus pequeñas casas y templos perdidos en extensiones de territorio inalcanzable.
Gente pequeña camina por las calles, olor a incienso, a cerezo eterno; a guerra.
Soldados que supieron decir basta, enterrados junto a los cuerpos que aún respiran bajo la tierra.
¡Qué vuele la arena de estas playas milenarias! ¡Qué exploten las bombas que fallaron en su momento ante el miedo de las represalias!
Debajo del asfalto, una melodía de colores primarios, que no pertenece más que al viento de otro momento, cuando el recuerdo era más grande, más inabarcable.
Hoy tiemblan las ramas de algunos pinos dorados, por el sol de los que algunos fueron del invierno.
La primavera, como siempre, se hará rogar lo más posible, y junto a ella, vendrá la venganza.
