Poema #44
Día pesado, anunciaba lluvia, anunciaba cansancio; todo un poco, sólo un poco.
Tengo los ojos entrecerrados con arena de algún desierto, y abrazo la tinta con desconfianza.
Hay rostros que no debieran conocerse, que sólo debieran existir como un mantra.
Así los días pesados de un verano que aún no extraño.
¿Cómo nadarán los peces en aguas cálidas?
¿La fricción será la misma que cuando me siento atrapado en compromisos?
Un tirón de orejas, siento claustrofobia, luego todo se transforma en brillo, porque es quizás todo lo que siempre fue.
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Preguntas, preguntas; todo sobre la vida en hojas de preguntas.
Cómo si pudiera captarse algo a través de un tamiz de palabras, muchas veces dichas sin más ánimo que esconder la esencia en lo críptico del lenguaje limitado.
¿Pero cuánto vale?
Con el tiempo no es más que una concatenación de anécdotas, y luego solo hojas, sin nombre, en el viento fresco que se aleja hacia lo profundo del mar.
Creemos que guardamos joyas; pero es sólo sangre, agua, y algo de materia.
Es sólo tiempo bajo la sombra de un árbol.
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Habiendo cambiado de estación, hojas nacen y luego caen en el piso seco.
Insectos que viven días, flores que duran horas; ¡tiempo!
Hay tiempo para todo lo vivo -o casi- un tiempo finito, y luego nada más vale.
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Calmo.
Mañana; marca de fuego con tinta de altura y sol tibio.
No pensar en nada que no sea importante sostenido en el tiempo.
¿Qué es el tiempo sino una forma sostener cosas?
¿Cuál es en la realidad la forma de la diferencia?
Puede ser cónica, con la punta brillante como un diamante.
La base roja, llamando a la guerra, o aún mejor, ¡a la huida!
No tropezaré más veces de lo necesario; no daré a mis ruedas más impulsos que no controlo.
El verde, el azul, el mar y el viento; que me lleven.
