Poema #4
Hoy nadé miles de kilómetros, desde una playa con olas grandes y corriente fuerte, hasta cruzar una puerta de piedra negra, para terminar en una bahía amiga.
Intenso el desplazarse, intenso el mantener un ritmo; redoblarlo todo para poder contarlo y así hacerlo real.
Hay un leve ir y venir en mis venas, como si el mar estuviera aún ahí.
Hace tiempo que mi mano sólo tiene tiempo para acciones físicas.
No tenía esperanza de que quizás pudiera volver algún día a deslizarme -torpe- por estos confines fríos de ausencia.
No extraño nada nada, creo, o casi nada. Mis instantes se consumen en cada segundo que pasa, y ya casi no puedo pensarlos.
No extraño nada.
Todo a mi alrededor se ha vuelto intrínsecamente nuevo.
Levanto la vista y veo la amplitud inconfundible del mar, de esa nada y de u todo.
Ahí mi presente eterno.
Ahí todos, y no extraño nada.
