Poema #37
Intención de cambio, de fortalecimiento, de menos horizontes -cercanos y lejanos-.
Debí prestar más atención y soltar antes, pero los tiempos, tiempos son, y obedecen a nadie.
Esta vez no hubo peleas, ni llantos escondidos en el caracol del odio.
Algún gesto de rabia, quizás, alguna herida en el ego, ¿de dónde sino?
El tiempo pasa, mis saltos son cada vez más cortos, aunque tienen una profundidad distinta.
Sólo extraño la cercanía de aquel que alguna vez fui; ese del pelo oscuro.
El resto es viento y silencio.
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Un golpe de suerte, una persiana abierta en medio de un día de calor imperceptible; detrás: el universo.
De color azul, azul como los limones que caen solos; un azul de promesa.
Todo se ve distinto durante la noche, durante la charla con unos mismo.
No acertamos con los días, pero con las noches no cometemos errores.
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Emoción que brota como el agua de una fuente; torpe y con el desorden de los años y el óxido.
Quisiera poder desear algo uniforme, algo predecible y lógico para los ojos de cualquiera; pero sólo me siguen las golondrinas con su vuelo azaroso sobre los acantilados de espuma de una playa del sur.
Dudas, vacilaciones; se me amontonan en el pecho como queriendo cobijarse del asalto.
Ya todo se parece a la violencia, hasta la violencia misma.
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El mar: el refugio.
Su paisaje eteno como el espacio, color de ojos deseados.
La espuma con el ruido de un trueno habla el idioma del tiempo, de la historia compartida.
Quizás me expresé mal, quizás mis palabras parecían inventadas en una infancia de encierro.
Un contenido oculto, detrás de un manto de sonidos eternos; mis palabras y las olas en un abrazo de nube.
Las pisadas se pierden dentro del agua y dudo ya de todo lo que siento; como el sol.
Es tarde para el encuentro.
Solo el viento.
