Poema #35
Un reino de compañía, un animal con plumas blancas sobre el posta de luz.
El agua mueva el mundo como ese poste, que hace tan poco, parecía fuerte en su quietud.
En el pensamiento, lagunas de agua cristalina; nada parece esconderse debajo de la superficie, ni como instancia de reposo.
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Un cambio de aire viene desde el horizonte.
Se puede sentir el calor dejando espacio para un viento blanco que traerá lluvias.
Las uñas que tantas veces se clavaron en el cuello, buscan nuevos rumbos.
El futuro es un ave de colores y brillos.
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Una puerta se cierra y no se escucha el ruido; otra se abre y no se ve más que oscuridad.
Vuelan pájaros como si se escaparan hacia esos sueños de cielo azul.
No sin dolor, la tarde se vuelve una melodía de infancia y caminos llenos de polvo.
Se siente libertad, aún con el peso de las nubes sobre la espalda.
Un vidrio roto; una civilización escondida debajo de un charco con gusto a infierno.
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Una palabra se repite, y parecen gotas que caen sobre un charco.
El agua ha crecido, y -dicen- se viene un verano seco y pálido.
Soy aquel que entró al mismo río dos veces.
Soy una hoja negra en esta primavera, que es ya casi un verano.
El sol, un amigo de la siesta.
