Poema #33
La nariz apunta al oeste; en contra del viento.
Angustia; algo que se esconde bajo la tierra, en la humedad de las raíces de los árboles grandes.
Palabras en el trazo del camino de las lombrices, palabras en un idioma antiguo.
¿Qué intentan decirme? ¿A dónde intentan apuntarme?
¡Me lo estoy perdiendo!
Todo en el mes de diciembre.
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Pájaros, pétalos de flores, espejos reflejando realidades que son sólo mías.
Hoy tengo la sensación del potencial, aunque subsiste el miedo al mal paso.
Se me escapan palabras, miradas cómplices a destiempo; todo pudo haber pasado, y esta mañana me encuentra en estado de control de daños.
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El ahogo que esconde la mañana nublada, entre los ruidos de vientos tibios, todavía inofensivos.
No hay aún pasos fuertes en la calle, ni luces que encandilen los callejones.
Poco animal despierto, poco movimiento entre esas hojas que aún se confunden de estación.
¿Quién recibirá una carta que le cambie la vida? ¿Quién comentará un crimen?
Hoy es todo desconcierto, todo posibilidad, todo delirio.
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Otra página que pasa, en blanco, como una paloma; como un juguete que nadie quiere.
Me empiezo a acercar, empiezo a sentir esa caricia que se parece a un estornudo, o a una ola.
Un veneno que se toma queriendo, con la duda en el presente, y el pasado aún demasiado cerca.
