Poema #32
Llueve.
Agua de ayer convertida en una una cortina de vidrio.
Me acuerdo de la última vez que caminé por esta calle.
La plaza, la luz entre los árboles, la hamaca.
No tengo ya nostalgia por nadie, ni por lo que esta noche depare.
El ahora me consume; discurso en el fuego.
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Una garra otra vez alrededor de la garganta. Una boa.
El cuerpo, el pensamiento periférico como una mirada defensiva.
El peligro no está claro, los colores no se dan vuelta.
No hay ruidos ni tampoco explicaciones externas.
Hay, sin embargo, algo que se pudre; algo que debió salir y hoy envenena.
Prisionero de un estado sin razones, intento dormirme esperando que la mañana traiga el cambio.
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La noche, misterioso fenómeno oculto para siempre.
¿En qué nos transformaremos hoy?
Quiero poder desaparecer en la profundidad de los secretos de otros.
Pájaros que vuelan sin rumbo aparente en una oscuridad sin estrellas -imagen de hoy-.
Y con los primeros rayos de sol, todos a esconderse bajo las piedras.
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Una mano invisible me define sobre un charco de sangre.
El futuro otra vez por delante; y por detrás, un cúmulo de historias distorsionadas a golpes por la memoria.
Inmóvil, sólo deseo poder salirme y que mis pies se sequen.
No me importa avanzar ni enfrentar lo que podría volverse valioso.
Sólo quiero la luz del sol sobre mi piel.
