Poema #30
Otro vuelo, esta vez con más movimiento, tiembla un poco la mano.
Fue una capa de nubes nomás, pero volvió la sensación de nervios, de entrega.
¿Se había ido?
El rivo me está haciendo menos efecto, o el miedo está jugando otro juego.
Pienso en gente que admiro, que anda por la vida sin miedos innecesarios.
Me doy cuenta que mi estilo de escritura cambió, ya no es más ambigua, sino más bien un cúmulo de reflexiones sobre momentos pequeños; intrascendentes.
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Extraña sensación de tranquilidad, de ausencia, aunque queda un mínimo de angustia, de peligro negro.
Como un gallo de metal sobre lo alto del techo, miro al viento con entusiasmo.
¿Cuántos necesitan el movimiento como exceso?
Sólo lo busco como forma de sentirme vivo; aunque sé que me siento despierto sin más que abrir los ojos.
No extraño el pasado, pero veo -cada tanto- la garra negra de eso momentos, en los que no fuimos cómplices.
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La fuerza de una cadena atada a una piedra que cae.
¿Qué implica verlo?
Un pájaro sin alas que vuela más alto que un hombre miserable.
Es la mente pero siempre es también la emoción.
A costa de un cuerpo que, aunque con miedo, demanda contacto, aire libre.
Ojalá que la última vez que cierre los ojos, sea con ese miedo en el estomago que trae la idea de sentir.
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La gran aventura de un día a día, manos que pasan de manos.
Un pulmón verde a mis pies, sin ninguna exigencia. Los amigos; las diferencias.
No extraño nada, el futuro, mi nueva estrella, se lleva todo de mí.
