Poema #28
Una mesa redonda y un café con chocolate.
¡Qué hartazgo todo repetido y masticado tantas veces!
El disfrute, como idea, está tan lejos que no se puede sentir en lo pies -siempre por delante-.
No es hoy un día para tener una mala sensación.
Pensé que el año arrancaría de mi ropa los abrojos del año pasado, y del anterior.
Pero mi letra extraña no puede ya salvarme de su propio abismo.
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No hay impulsos que valgan una pluma en este día a día de condena.
Hinchado por dolores acumulados, como si fuera agua con cortisol.
El proceso de vivir en un solo lugar; instalarse es terriblemente mas difícil que irse siempre; siempre.
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Un empedrado, al fondo el río, o quizás del mar.
Un pingüino que mira con intriga, aunque con esa intriga sin miedo.
Camina lentamente hacia el agua, como intentando que todo dure lo máximo posible, como si el dilatar la llegada pudiera verificar el camino; dotarlo de mística.
El aire se va haciendo más frío, mientras la tarde araña el cielo detrás de los árboles.
Los pies comienzan a sentir el suelo húmedo, las piedras, la arena, el final.
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Una bellota de lado a lado, como si el piso se moviera en mar abierto.
Un punto blanco; un huevo brillante en una noche sin luna.
Poco hay para explicar.
El agua fue el único refugio.
Hay veces que es mejor olvidarse de todo.
