Poema #16
Un cuaderno desvencijado, una taza de café a medio llenar; la mañana se derrite contra una ventana en movimiento.
Se escapan los últimos días entre de árbol, y comienza a dibujarse un futuro celeste.
¡Cuántas palabras innecesarias nos ahorramos en este proceso inevitable! Silencios pegoteados entre los dedos.
Juré mil veces buscar el escondite, y mil veces lo encontré en el mismo lugar.
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Un nuevo año sin la transpiración de la noche.
Todo es futuro, todo promesa; todo hilvanado con el hilo grueso del invierno.
Un barco pequeño cerca de la rompiente; sus tripulantes dormidos con la sonrisa sana: el anhelo de quienes viajan.
Como una bandada de pájaros, los pensamientos se dispersan con los primeros rayos de sol.
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Hay un ronroneo distinto en esta falta de bienvenida; posiblemente un deseo de llanura, de río calmo.
Las dudas se expresan cada vez con mayor claridad; incluso pudiendo delatar los nombres entre pétalos marchitos.
¡Cuánto calor trae este año nuevo!
Habrá bailes, no lo ignoro.
En el margen -caídos- el triángulo, el martillo, y la campana.
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Hay que hacer las paces, como si importaran las consecuencias.
No es necesario ponerlo en palabras, sino que es una decisión, un pacto.
Debiéramos gritar, pero gritar siempre hace mal. Llorar también.
A lo lejos, el sol huye, y me siento más liviano y menos tenso.
No hay nada en este mundo digno de preocupación, hay que decirlo, siempre es desmedida.
