Poema #15
La noche parece estar dando sus frutos, tiempo seguro entre sueños.
Será mañana pronto, y luego perderé la cuenta.
Siempre es el sol, siempre. Rubio, alto, distinto. Y uno extraña sin darse cuenta.
¿De quién es aquel regalo sin destino como la tarde, como el aire pesado del verano?
No quedan ya recuerdos sin clasificar, no hay ya tiempo para el lamento; todo hoy, todo; entre el anhelo y un pedazo de viento.
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Pequeño, como una chispa de fuego; nariz bicolor, una flor salvaje.
Todo contenido en el silencio noble, en un entendimiento mezclado con tierra y curiosidad.
Un Lobito dormido en la cuna del hijo -supuesto enemigo- un lugar sin una palabra.
Hay gestos que trascienden por momentos los mandatos, las pesadillas, donde no se agradece lo que es mutuo.
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Un paso lleva a otro, y a otro, y luego son muchos más que los que se habían dado hasta ese momento.
Recuerdos del odio, del enojo, del intento de huída imposibilitado por por la provocación.
Planes incontables una y otra vez, para escapar hacia una adultez de horarios.
Ya nada queda de esa epopeya soñada.
La cara lleva las marcas del tiempo, y los latigazos que aún se escuchan de un solo lado.
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Una primavera húmeda que explota salvaje.
Tiembla con un entusiasmo sujetado al cuento de los días.
¿No eran terribles las noches de madriguera? ¿Esos impulsos interrumpidos por recuerdos?
Hoy distantes, como soldaditos de plomo, los puntitos disonantes en un pentagrama de gallinero.
No se duerme con la ley del sol, ni se interrumpe la cacería en la oscuridad.
