Poema #13
Una voz rasposa entre las hojas rotas.
Mi mente entretenida con ideas nuevas de un pasado debajo de la alfombra
de la entrada que ya no se usa.
Debe ser el viento.
Debe ser el fuego.
Juego de espadas sin filo a mi alrededor. Ganas y miedo.
Todo se precipita, todo pierde sentido, su curso.
Tengo las pestañas pesadas como si fueran la noche.
-
El final del calor o el principio del tiempo compartido sin consentimiento.
La figura de un hombre, la letra A, un espejismo; una idea como señal de partida.
¡Silencio! No despertemos a las sirenas que descansan dentro del arcoíris.
La imaginación es la nueva escuela, dijo, mientras arrancaba los hongos del pizarrón.
Bienvenida la lluvia y los truenos, solos en el amanecer, sin excusas.
-
Otro trueno, y un rayo de luz en medio de la oscuridad de un mediodía.
El fuego aún prendido, y todo transformado en el pasaje de un día al otro.
Todo con el gusto salado de la ola imprevista que estalla sobre una roca dormida.
No es mi estilo mentir.
Los patos y los teros tienen en común el desprecio por el color rosa.
Yo lo busco con locura en cada charco, en cada gota de lluvia;
aún en la oscuridad de la noche, en el silencio sin día.
-
Mañana nublada, fría como un secreto.
Un mal augurio, o quizás solo algo que sucede a mis espaldas.
El agua me sangra de un dedo sobre cualquier cosa que toco; un rastro.
Se me confunde el ser guardián con el estar siendo cuidado.
Mis sueños, en cambio, un campo minado.
Antes un refugio, hoy el cielo.
