Poema #1
29/01/26
Esto no aspira a ser un cuento, o un relato, sino a permitirme como una herramienta, expresar aquello que me trasciende en el cuerpo y que busca ser expresado, o dicho, sentido en la parte externa de la piel.
Escucho voces de personajes que no se presentan. Entiendo que sus penas han de avergonzarlos, pero por qué no confiar en mis manos como un posible lugar de resguardo, como un posible oasis de agua dulce, lista para atragantarse.
Enro es mi nombre, surgido de la Grecia antigua, antes de ser el epicentro de la democracia y la filosofía, antes de inventar sacrificios moderados y vestimentas pulcras, antes de civilizarse. Soy de esa Grecia con nombre brusco, con sonidos de dolor atragantados por pensamientos de muerte y locura.
Esto no es tampoco una elegía, ni ningún tipo de texto que busque ser declamado con halos de mito, o de leyenda. Es un juego, un espacio de aire con letras sueltas como pájaros en un potrero infinito, como las estrellas en el cielo de esta noche eterna, esta noche que es sólo noche desde que el sol murió en su infancia.
Pienso en Enro, pienso en mi caminar descalzo, pienso en los vasos de los caballos que aún cansados, no dejan de caminar hacia donde no conocen. Pienso en el anonimato de los ruidos debajo del suelo, escondidos bajo un manto de tierra arenosa, que alguna vez fue río, mar, y otras, santuario.
Me falta disciplina para completar la tarea, me falta coraje quizás para continuar con el andar, me falta aire, me sobra espacio, me duele.
Duelen los deseos que se truncan por la falta de paciencia. La paciencia. Que no es otra cosa que el saber -el entender- que lo que ocurra puede no ocurrir en este instante, pero que no hace de este instante un momento mezquino y único, sino la construcción de los recuerdos de toda la vida centralizados en un punto de conciencia específico.
El ahora, tan reverenciado por monjes, por maestros, por chantas y profetas por igual, tiene la carga de ser lo único evidenciable desde lo empírico de la sensación; y es esa misma cualidad la que lo catapulta al estrellato de la invención de la conciencia humana.
En una realidad de multiversos, al menos habría otros actores que intentarían disputarse esa centralidad; pues no aún, no desde lo limitado de nuestra captación de realidad.
Enro, del griego brusco de la realidad multifocal del mediterráneo, con gusto a sal marina y a sangre, con el peso de una historia secreta o inexistente; Enro, como una hoja de otoño, se aleja de la pesadilla de pensarse para seguir el camino a un horizonte negro.
