Diario
12/03/26
Tokyo. Primera tarde y noche. Frío.
Cuarto muy muy pequeño, hotel a pocas cuadras del mega cruce peatonal ese en Shibuya.
Principal contraste que veo, rara mezcla entre lo moderno y lo viejo. Desde los edificios, los autos, la onda de la gente, los restaurantes; todo tiene algo distópico por momentos, que bien podría tener un halo soviético.
Antes de llegar, muy agradables los vuelos. Comí todo lo que me pusieron adelante, y dormí bastante.
Me bañé en el Lounge de NY, y aprovechando que estaba en horario símil BsAs, hice rutina mañanera de mensajes, llamados, mails, etc..
Subí mi primera foto del viaje, la Freedom Tower, muy oportuna me pareció…, y hubieron buenos augurios y saluditos de amigos y familiares.
En el vuelo a Tokyo, muy linda vista del suelo nevado de Canadá. Por momentos quería quedarme por ahí. ¿Quizás porque me resuena más?
Ya empiezo a sentirme de viaje. No sé bien porqué.
Con el avión ya metido en la noche del cambio de horario, BsAs empezó a estar más lejana, menos alcanzable; y me da el vértigo necesario como para buscar ese desapego que me permita volar solo.
Ayer a la tarde hice mi primera caminata por la zona, fui a un parque onda Rosedal, caminé por Shibuya y Harajuku. Muy similar al Soho en NY en muchos sentidos, misma onda de locales, vintage mezclados con Zara y Uniqlo, comida medio al paso, muy juvenil.
Terminé en un Omakase bastante rico un 7mo piso cerca del hotel. Luego baño y a la cama. Quise leer pero me dormí para poder empezar a tener rutina de horario igual que BsAs. Onda, 10pm a 6am. Me salió bastante bien.
Primera mañana, estoy desayunando en el hotel. Primera señales de sentirme un poquito lejos y un poquito solo. Quizás es lo que necesito para poder dar vuelta la página y arrancar la aventura verdadera de estar “un poquito lejos y un poquito solo”; después de todo, es lo que vine a buscar.
Bonus track: la estatua de Hachikō, el perro que iba todos los días a esperar a su dueño a la estación de tren, pese a que había muerto. Vi la historia en una peli o algo. Mientras escribo esto, lloro un poquito… no sé si por el perro, el hecho de le hayan hecho una estatua; algo se me está movilizando y aún no puedo saber qué ni porqué… Me debo el hecho de averiguarlo y entregarme.



