Diario
03/08/26
Agossssto, y medio que se empieza a ir el año.
Por lo menos cuando tenés 44, de agosto a diciembre es un suspiro…, o un grito.
Arranqué a entrenar en el Megatlón, que es como la versión palermitana del infierno. Fui 4 veces la semana pasada: lunes, martes, jueves y viernes; el miércoles lloré del dolor casi todo el día. Por suerte me pude expresar, y el tiempo de entrenamiento se fue recortando día a día.
Tuve dos clases de tenis de una hora y media, donde la pasé bien, aunque no tengo casi piernas. Lo corroboré hoy, que salí a correr por primera vez: vuelta al Rosedal a un trote tranquilo, más caminata rápida ida y vuelta a casa.
Creo igual que voy a mejorar rápido. Me tengo fe.
Mejor con la medicación. Al menos ahora mientras escribo esto. Simplificamos un poco el esquema, y vamos por más poda. Es como editar un poema: lo que no suma, mata.
Fui a un médico medio alternativo e integral que me pasó mi amiga Vica. No tengo todavía mucha opinión. Le pasé todos mis estudios del último año, me hizo un escaneo de todo el cuerpo con una máquina que tiene -que me costó un huevo-, y me pidió una radiografía de la boca, que ya me hice. Mañana la devolución. Voy bastante entregado, pues estoy cada vez más en crisis con la medicina tradicional.
También mañana tengo taller de Llach. Escribí sobre una vez que me secuestraron por unas horas a los 17. Creo que quedó más o menos bien. Al menos empiezo a notar un cierto patrón en mi escritura, que me gusta. Algo frío, como una primera persona media distante, lo opuesto a lo que escribía antes de empezar el taller.
Me falta bajar la ecualización de la solemnidad, tanto en la escritura como en la vida. Antes el alcohol me la sacaba con dos tragos de birra, pero ahora que no estoy tomando, me tengo que animar a volverme más lúdico, más liviano… Es bastante urgente esto. Creo que muchos de mis temas mentales, emocionales, físicos, vienen de esa falta de soltura. ¡Y la busco! Pero aún no aparece…
Estoy leyendo sin parar. Un par a destacar: poesía completa de Pizarnik, el libro sobre correr de Murakami, La Muerte en Venecia de Mann -no entiendo como no lo había leído antes-, los diarios de John Cheever, retomé Catedral de Carver, y blah blah. Todo mucho y al mismo tiempo. Peeero, me compré un par que me obligué a no empezar hasta no terminar algunos. ¡Y lo estoy cumpliendo! Algunos en físico, pero mi problema es el inacabable y siempre disponible mundo del Kindle… un peligro…
También me enganché, finalmente, con un par de series: Dutton Ranch, una policial con el actor de Avatar, y una sobre el atentado contra un avión de PanAm, creo que en los 80s.
Fui a ver La Odisea el domingo al mediodía. ¿Quién iba ir a esa hora? Estaba lleno. La vi solo en fila 1, nada grave. No sé si me gustó o no. Larga, sí, hubiera eliminado alguna escena de ellos corriendo al barco perseguidos por “algo”, sí, pero no leí el libro, como probablemente casi nadie, así que no sé. No está mal pero no me acompañó después por demasiado tiempo, ni mental ni emocionalmente.
Estoy con vida muy de senior citizen: me duermo a las 10, me levanto a las 5; medito, leo, escribo, y ahora también entreno. Socialmente no hago nada, no veo a casi nadie, y estoy bien con eso. ¿Quiero que eso cambie? No. ¿Quisiera querer que eso cambie? Si.
Pequeño comentario sobre tema oído: no escucho muy bien, y la semana que vienen me hago los estudios para ver finalmente cómo está todo. Estoy tranquilo, pero me pongo un poco nervioso por momentos, más por costumbre que por otra cosa. Realmente ya no hay nada de nada que pueda hacer. Ni para bien ni para mal.
Me voy leer.

