Diario
18/03/26
Kyoto → Osaka
Me desperté 5:50am, un toque antes que suene mi alarma, y por fin puedo decir que estoy en mis horarios habituales. Dormí relativamente bien, sin demasiado frío, aunque no creo haber tenido durante toda mi estadía, demasiado control sobre la temperatura del cuarto como daban a entender los reguladores…
Hice mis meditaciones, respiraciones, etc.., con un mal humor tremendo, pues tenía algunos mensajes burocráticos de BsAs, que como un boludo, pispeé antes de ponerme a respirar. No cometeré ese mismo error nunca más.
Tengo el oído medio tapado y con algo de líquido, pero no es pus, pues no tiene feo olor, y no tengo fiebre ni nada similar, que de la pauta de que tengo una infección. Pero estar atento me rompe las bolas. Y estoy atento,
Chateé un rato con Joaqui, que estaba en el avión llegando a BsAs, y luego de los mails y mensajes, y blah; me fui del ryokan en Kyoto rumbo a la estación de tren a tomar un desayuno y luego un tren a Osaka -salen cada 15 minutos y el trayecto dura media hora aprox-.
La despedida tuvo sus detalles, para empezar, gran parte de los empleados salió a despedirme como si fuera una celebridad, o me estuviera yendo luego de haber estado instalado un año, lo que me puso un poco incómodo pero bueno, pude superarlo…, lo que me costó un poco más, fue que a las 2 cuadras, medio abstraído mirando para afuera pero con la atención muy para adentro, tuve un mega repentino ataque de pánico como hace mucho no tenía. Intenté detener al taxista, que no frenó, pensando que estaría expresándome en mi lengua nativa o algo así, y recurrí a un gotero de rivo que por suerte, siempre llevo en el bolsillo. Al ratito estaba bien, yo creo que mucho antes de que me hiciera efecto el fármaco.
Fue raro, seguro que estoy sensibilizado, y con algo de miedo consciente e inconsciente, y además está la posibilidad de que el tímpano me juegue una mala pasada y me haga perder un poco la sensación de equilibrio, lo que me llevaría sin lugar a dudas a un ataque como el que tuve. Pero como vino, se fue a las pocas cuadras, y sin restarle importancia, porque la pasé muy mal, me alegra haberlo podido pasar sin demasiada alaraca.
En la estación, me tomé un café y comí unas tostadas, todo muy japonés (?), hablé largo y tendido por teléfono con mi Mamá; y al rato estaba en mi hotel súper occidental en Osaka. Obvio, el cuarto no estaba, listo, así que me fui a dar unos vueltines.
Osaka es una ciudad rara, más rara aún si estás pasado de clona.. Pero diré que no me impactó. No tiene esa fuerza arrolladora de Tokyo, ni ese encanto mágico de Kyoto…, lo que sí tiene, al igual que las otras, es el tema de los cables en la calle, es una cosa de locos. ¡La cantidad que se ven! Pero bueno, mañana dedicaré mi día a ver si hay una explicación para eso, y cuál es la gracias concreta de esta ciudad, así puedo contarles. ;)
Hoy caminé nomás, subí a una torre medio vintage como para ver la ciudad de arriba, aunque no era muy alto.. jaj, y volví a usar barbijo por el frío que hacía.
No fue un día así como para sacar muchas conclusiones de lugares nuevos, lloviznó parte del día también, creo que por primera vez desde que llegué a Japón, así que voy a irme a dormir y esperar que mañana el sol me acompañe en esta nueva etapa, conociendo esta nueva ciudad.



