Diario
15/03/26
Kioto.
Salí muy temprano del hotel, tipo 5 y pico, pensando que iba a pasar el día en Hakone, un pueblo camino a Kioto, desde donde se ve muy bien el Monte Fuji; pero estando en la estación de tren me dio fiaca, y me saqué tren directo a Kioto. Vi el Fuji desde el camino igual.
El tren fue una experiencia mala. Primero, porque estaba de muy mal humor, y luego porque el proceso de compra de pasaje fue confuso, y terminé teniéndome que cambiar de asiento y de vagón; y además porque tenía un hambre animal, y descubrí que en los trenes de este país, no hay vagón para comprar comida; pecado capital.
Problemas de Buenos Aires me arruinaron un poco el último día de Tokyo, y aún no me recupero. Tengo que dejar ir a Buenos Aires para lograr diluirme en esta experiencia inmersiva. Mañana tengo terapia, que me va a venir bien.
Por otro lado, reconozco que estoy súper sensible, con poca capacidad para relativizar cosas que, estando allá me chuparían un huevo, y que desde acá, en contra de lo que quizás uno esperaría, me pegan re fuerte. Me acuerdo la felicidad que sentí las veces que estuve en viajes solo, con mi mundo interno a flor de piel, y es como que esta vez no logro llegar a ese estado.
Bue.., Kioto me encantó. Es una ciudad mucho más chica que Tokyo, y está como detenida en el tiempo. Escuché en un podcast hoy que decía que, además de estar muy desarrollada por haber sido capital durante más de mil años, no fue bombardeada durante la 2da guerra.
Todas las construccciones son de madera: los templos, las casitas; y todo parece como de un cuento de hadas. Divino. Eso que estaba nublado y frío.
Otra diferencia con Tokyo, es que está entre montañas, es mucho más ondulada, mientras que Tokyo es chata. Madera y montañas vs. acero y chatura. De todas formas, no estoy criticando Tokyo, me pareció una ciudad increíble, pero es más cosmopolita, más “ciudad”, y yo estoy en la búsqueda de otra cosa.
Caminé bastante escuchando un libro sobre las relaciones occidente-oriente que se llama “The Light of Asia”, de Christopher Harding. Interesante como se da ese diálogo a lo largo de los siglos, y que poco ha cambiado al día de hoy.
Me estoy quedando en un ryokan, que es como una posada tradicional japonesa, muy increíble, escribiendo esto con un kimono que me dieron como pijama.
Quiero salir a dar una vueltita caminando pero me tienta mucho meterme en la cama, leer un rato y dormir…




