Ya septiembre, y se acabó el año.
Hay un pequeño oasis para armar algo nuevo, o arrancar con algún pendiente, pero es mínimo, ¡y es ya!
Y empieza también la primavera, acá en el hemisferio sur, y las hormonas vuelven a arrancar, y todo lo social, emocional, físico, sexual, se pone nuevamente en marcha.
Las flores, las plantas, todo renace, y el tobogán se inclina fuerte, acelerando el paso del tiempo.
Estoy con algo de entusiasmo, aunque no quiero caer en una ilusión que eleve demasiado la vara.
Tuve una primera mitad de año bastante difícil, sé que no fue como para llorar, ni mucho menos para ponerme en víctima por este medio, pero me costó… El tema oído se me hizo muy cuesta arriba, cancelé -o se me cancelaron- muchos planes y proyectos, estuve súper depre, y ahora estoy mucho más estable y con más tranquilidad en el alma.
¡Gracias medicación psiquiátrica!
Rápidamente recomiendo las series The Shards, The Dark, Dutton Ranch y Slow Horses. En cuanto a libros, pienso hacer un posteo específico sobre lo leído en estos meses. Pero se me hizo difícil pifiarle fuerte. Y si pasa, me doy cuenta en la 5ta página y abandono instantáneamente.
Dale bola a esa sensación, no leas al pedo perdiendo el tiempo, hay mucha cosa buena como para pensar que es de “disciplinado y responsable” terminar un libro que empezaste aunque no te gusta. Vale para todo…
Tengo ganas, porque creo que necesito, exponerme un poco, como para ver si a alguien le intereso. Hablo de literatura más que nada, pero también vale para el resto de la vida. Y en eso tengo que recurrir a las redes sociales, las cuales odio.
Me incomoda mostrar, pero me molesta mucho más ver a los otros en poses ridículas. Y mostrar sin ver, me suena a egocentrismo, o a desinterés. Pero bueno, es un poco la verdad; digamos todo.
Las redes están, son súper protagonistas de la vida diaria de ya casi cualquier persona, y enemistarse contra ellas me parece medio quijotezco. Está en uno encontrar la forma en la que te sirvan, sin que te jodan, y usarlas de esa forma.
Creo que es una batalla perdida pensar que se puede estar afuera y “ser visto”, o generar una suerte de mística en esa ausencia. Creo que si querés hacer algo que necesite de una suerte de público, como es en mi caso la escritura, sería muy de nabo perderme la posibilidad de publicitarme por principios, o por no encontrar una forma que no me incomode.
Así que veré si -y cómo- con esta primavera, vuelvo a mostrar las plumas…

